El tenis me exige física, mental y emocionalmente. En la pista reconozco retos que también he vivido como directivo: decidir con poco tiempo, adaptarme cuando cambia la situación y mantener la concentración bajo presión, sin saber cuál será el resultado.
Leer la situación
Ganar es el objetivo, pero mi atención necesita estar en el punto que estoy jugando: la pelota, mi oponente y yo mismo. Eso implica percibir los cambios de energía, el lenguaje corporal y las emociones, y estar preparado para adaptarme. También en el liderazgo y el coaching, estar plenamente presente me ayuda a comprender lo que sucede antes de elegir cómo responder.
Jugar el siguiente punto
Un error puede quedarse en mi mente más tiempo del necesario. Sigo aprendiendo a reconocer la frustración, recuperar la concentración y comprometerme con el siguiente punto. Ser mi propio aliado me ayuda a responder de forma más constructiva.
Seguir aprendiendo
Hay días en los que todo encaja; otros requieren paciencia. El progreso surge al reconocer patrones, probar algo diferente y aprender del resultado. También implica saber gestionar mi energía durante todo el partido.
En la pista y en mi experiencia como directivo, he aprendido a reconocer mis reacciones, gestionar mis emociones y revisar lo que doy por hecho. En coaching, acompaño a mis clientes a explorar cómo interpretan los retos que afrontan y qué podrían hacer de otra manera para avanzar hacia sus objetivos.



